Villa Educación

Martes 25 de septiembre de 2018


EQUINOCCIO DE OTOÑO 2018: QUÉ ES Y CUÁNDO LLEGA

La duración del día (en horas solares) y la de la noche serán aproximadamente iguales: doce horas

Equinoccio de otoño: a partir de hoy la noche le quitará tres minutos a cada día

El equinoccio de septiembre (otoño para la parte norte del planeta, y primavera para el sur) ocurrirá el 23 de septiembre a las 1:54 del Tiempo Universal Coordinado (UTC por sus siglas en inglés) ) (o sea a las 19:54 del 22 de septiembre hora de la Ciudad de México).

La Tierra se situará en un punto de su órbita alrededor del Sol que marca el comienzo de una nueva estación, el otoño. Se producirá entonces el equinoccio de septiembre, el único día del año junto con el equinoccio de marzo en el que el Sol amanece por el Este y se pone por el Oeste en todo el planeta.

La nueva estación durará 89 días y 20 horas ése año, y terminará el 21 de diciembre, cuando daremos la bienvenida al invierno.

Durante éste periodo estará la lluvia de las Oriónidas, con unos 5 meteoros por hora en la noche del 21 al 22 de octubre. El 5 y 6 de noviembre estará la lluvia de las Táuridas y la noche del 17 al 18 de noviembre se verán las Leónidas, si bien será una lluvia de poca actividad en el hemisferio norte.

El equinoccio de septiembre, es el momento del año en que el día tiene la misma duración que la noche. Astronómicamente, en casi todo el planeta, salvo en los polos, el día dura exactamente igual que la noche, es decir 12 horas cada uno y ese es precisamente el significado de la palabra equinoccio: equi “igual” y nox “noche”, “noche igual al día”.

En ese instante, el eje de la Tierra es exactamente perpendicular a los rayos del Sol. Este fenómeno ocurre dos veces al año, en los meses de marzo y septiembre.

A partir de ese momento los días serán cada vez más cortos.

Aunque pueda sorprendernos, la inclinación del eje de rotación de la Tierra y su movimiento de traslación alrededor del Sol provocan que el resto del año los otros y ocasos no sean exactamente como nos los cuentan los libros. En el hemisferio norte, ese punto se desplaza hacia el norte en primavera y verano, y hacia el sur en otoño e invierno; al revés en el hemisferio sur. Además, como también ocurre en primavera, la duración del día (en horas solares) y la de la noche del domingo serán aproximadamente iguales: doce horas.

«Los equinoccios son puntos geométricos de la órbita terrestre en los que el centro del Sol se encuentra exactamente dentro del plano ecuatorial de la Tierra. Los habitantes de la línea del Ecuador verán transitar el Sol por encima de sus cabezas -el cenit- justo al mediodía local», explica en un comunicado Miquel Serra-Ricart, astrónomo del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC).

Esta nueva posición de nuestra estrella provoca que los rayos solares incidan en el globo terrestre de manera perpendicular y genere una jornada con las mismas horas de luz que de oscuridad. De hecho, la palabra equinoccio proviene del término latín «aequinoctium» que significa «noche igual». Durante todo el domingo habrá las mismas horas de luz tanto en el hemisferio sur como en el norte.

 

Tres minutos menos de luz cada día

El otoño es la época del año en que la longitud del día se acorta más rápidamente. El Sol sale por las mañanas cada día un poco más tarde que el anterior y por la tarde se pone antes. De este modo, al inicio del otoño el tiempo en que el Sol está por encima del horizonte se reduce casi tres minutos cada día.

Además, como es habitual, el último domingo de octubre (día 28) se producirá el famoso y polémico cambio de hora, cuando a las tres de la madrugada habrá que retrasar el reloj hasta las dos, y se recuperará así el horario de invierno, de manera que ese día tendrá oficialmente una hora más.






¿QUÉ HACER ANTE UN DESASTRE NATURAL?, LOS MUSEOS TE RESPONDEN EN LA SNCYT

Puebla, Puebla. 20 de septiembre de 2018 (Agencia Informativa Conacyt). Sin importar la edad o condición social, un desastre natural expone la vulnerabilidad de cualquier ser humano. A un año de la tragedia en México ocurrida el 19 de septiembre, tres museos interactivos: Universum, El Rehilete y el Museo Interactivo de Economía exponen en el marco de la XXV Semana Nacional de Ciencia y Tecnología (Sncyt) el porqué de estos fenómenos pero, sobre todo, la forma en cómo se debe reaccionar ante una posible eventualidad.

Desde temprana hora, cientos de niños de diferentes instituciones del estado de Puebla acuden con sus maestros en grupo. El recorrido inicia con preguntas básicas: ¿sabes qué es un fenómeno natural?, ¿qué es un caos?, etcétera. Los niños y asistentes poco a poco van reflexionando sobre lo que más adelante aprenderán, desde la concepción que tenían las antiguas culturas prehispánicas sobre los fenómenos climatológicos, hasta la oportunidad de grabar una experiencia personal acerca de una inundación, un sismo, o bien sobre lo aprendido en Universum.

Mientras explican qué es la propagación de la energía, cómo se forman los ciclones tropicales, cómo funciona una alerta sísmica, cómo se puede mejorar una red de sensores que alerten a la población sobre un sismo, los asistentes a la XXV Semana Nacional de Ciencia y Tecnología experimentan mediante hologramas, aprenden con charlas y reviven experiencias a través de videos o de plataformas que simulan el movimiento de la tierra. La muestra termina con una serie de recomendaciones sobre qué hacer y cómo estar preparados.

 

Recordar y actuar

En una segunda zona, se encuentra el Museo El Rehilete, que rinde en un primer inicio un homenaje a los elementos del Ejército Mexicano, quienes a partir de su Plan DN-III-E atienden a las personas en situación de riesgo o crisis a causa de un fenómeno natural.

El Plan DN-III representa un instrumento operativo militar que establece los lineamientos generales a los organismos del Ejército y Fuerza Aérea Mexicanos para realizar actividades de auxilio a la población civil afectada por cualquier tipo de desastre, y fue aplicado a partir de 1966 como consecuencia del desbordamiento del río Pánuco.

Ladrillos rotos y escenarios con imágenes reales sobre lo acontecido el 19 de septiembre recuerdan a los asistentes la contingencia que se vivió y la forma en cómo se enfrentaría otra experiencia de ese tipo.

La base de monitoreo de sismos e inundaciones permite al visitante conocer si su vivienda se encuentra en una zona de riesgo de forma más precisa. A un lado, la muestra de los víveres y objetos que pueden ayudar a una persona en desgracia es un recordatorio de lo que la sociedad puede aportar en momentos de tragedia.

Los pequeños, por su parte, tienen el reto de cruzar una tubería de drenaje simulada, con obstáculos. La idea de esta actividad es que los menores puedan valorar cómo escapar en caso de un derrumbe en espacios muy reducidos y, sobre todo, si vale o no la pena llevar mochilas o pertenencias que puedan obstaculizar su salida.

Otra de las actividades que ofrece este museo interactivo es el juego de las llaves. Con una simulación de diferentes conductos de agua, gas y electricidad, los niños pueden aprender cómo cerrar cada uno de los modelos y aprender a qué tipo de conexión pertenece y cuáles son las que se deben cerrar de forma inmediata en caso de una emergencia.

En la siguiente actividad interactiva, el visitante tiene que deducir las causas que ocasionaron el incendio en un restaurante montado con utensilios y comida carbonizada. El objetivo es que los asistentes, pero sobre todo los niños, conozcan cómo un descuido humano también puede provocar un siniestro.

 

Entre escombros y agua

Muñecas tiradas en el suelo, ropa prensada entre muros de concreto, juguetes, un zapato, cualquier objeto puede darnos una señal de quién habitaba un inmueble destruido por un sismo. Esa es otra de las actividades de la muestra del Museo El Rehilete. La simulación de los escombros y los objetos que se encuentran permiten a los visitantes saber cómo buscar y deducir quién vivía ahí e incluso cuántas personas pueden permanecer atrapadas. La clave está en observar lo que hay en cada paso.

La estrategia es diferente cuando hay inundaciones. La mayoría de las personas en caso de un huracán o inundación evita irse a los albergues por temor a ser víctimas de robo en sus viviendas. Lo común en estos casos es “resguardarse” donde el agua no los alcance, es decir, en la azotea. Sin embargo, vivir esta experiencia te hace reflexionar sobre la atención que se debe dar a las recomendaciones de Protección Civil. Para esto, la realidad virtual funciona como una herramienta que no solo asombra a los visitantes de esta zona de la muestra, sino que los ayuda a reflexionar sobre lo que harían en una situación de peligro.

Para cerrar el bloque del Museo El Rehilete, los niños y adultos tienen que armar una mochila que contenga los objetos necesarios para la supervivencia en caso de un desastre natural. ¿Qué es más importante, mi videojuego o una barra de chocolate que me aporte calorías? Se pregunta uno de los estudiantes que realiza este ejercicio.

El Museo Interactivo de Economía es otro espacio que ofrece orientación y actividades lúdicas dentro de la Semana Nacional de Ciencia y Tecnología. A través de videojuegos y proyecciones de documentales y sencillas charlas, la gente conoce de principio qué son los desastres naturales, cómo impacta la naturaleza desde una perspectiva diferente y cómo protegerse ante un desastre, además de las consecuencias económicas que conlleva, y la importancia de contar con seguros para solventar gastos imprevistos por siniestros.

Finalmente, la muestra se nutre de más de 30 exposiciones de prototipos y desarrollos tecnológicos, realizados por estudiantes de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, así como de los 13 tecnológicos regionales en el estado. Todas las actividades, programadas hasta el 21 de septiembre, están encaminadas a generar en los espectadores un ejercicio de reflexión para saber qué es un desastre natural, si se puede prevenir y, sobre todo, cómo enfrentarlo.






CALENTAMIENTO GLOBAL, PRINCIPAL PROBLEMA PARA LA AGENDA POLÍTICA AMBIENTAL

Xalapa, Veracruz. 17 de septiembre de 2018 (Agencia Informativa Conacyt). El verdadero problema ambiental en el que se deben enfocar las políticas públicas es en el relacionado con el calentamiento global y no el cambio climático, aseguró Antonio Luna Díaz Peón, catedrático de la Facultad de Instrumentación Electrónica y Ciencias Atmosféricas de la Universidad Veracruzana (UV).

 

En entrevista para la Agencia Informativa Conacyt, el meteorólogo de la UV comentó que actualmente existe una confusión entre esos dos términos utilizados en la jerga científica atmosférica y eso —enfatizó— ha causado políticas públicas deficientes en la materia, así como una incorrecta socialización del conocimiento ambiental.

Por una parte, el cambio climático, explicó, es lo que produce a lo largo de más de 30 años diferencias de temperaturas y de precipitación. Históricamente, en el planeta se han tenido muchos cambios climáticos. Si se habla de forma global, se tuvo la Era del Hielo, después de 1500 se habla de una era de temperaturas altas, por lo cual se podría intuir que existió algo de calentamiento en ese periodo en muchos países, no solamente en algunos puntos.

“Recientemente con el problema de la contaminación atmosférica y todo lo antropogénico, las temperaturas se están incrementando. Este incremento es lo que está produciendo un reciente cambio climático. Todavía no podríamos decir a qué dimensiones vamos a llegar con este cambio. Lo que sí es seguro es que estamos pasando por uno, pues hay incremento en las temperaturas y variación en las precipitaciones”.

Es decir, que en lugares donde llueve, ahora llueve más y en otros donde no ocurría ese fenómeno ambiental, llueve menos. Se está haciendo más extremoso.

El calentamiento global es el incremento de las temperaturas a nivel mundial. En promedio se ha observado que en el último siglo se ha tenido un incremento más o menos como de un grado de temperatura a nivel mundial. Esto es significativo, aseguró, y es preocupante, porque el punto de partida de este incremento de temperaturas data de los tiempos de la Primera Guerra Mundial. Después de la Segunda Guerra Mundial se empieza a hacer más evidente ese incremento de las temperaturas.

“Estamos hablando de un calentamiento global producido desde por allá de la Primera Guerra Mundial hasta nuestros días. La diferencia aquí es que si el incremento de las temperaturas y el calentamiento global continúan vamos a tener un cambio climático. Para que tengamos ese cambio necesitamos que las temperaturas se incrementen. Un calentamiento global te puede llevar a un cambio climático, pero un cambio climático no necesariamente te lleva a un calentamiento global”.

 

El concepto en las políticas públicas

Para Antonio Luna Díaz Peón, el problema de todo esto —sobre todo al hablar de apropiación del conocimiento— es que no se ha definido bien la palabra cambio climático o si se ha definido, la población no lo ha entendido como tal. Porque el hecho de que se tenga un cambio climático no implica que sea necesariamente por ese calentamiento global. Si existe el calentamiento global, no implica que solo el calentamiento global produzca un cambio climático.

 

En el terreno de las políticas públicas, el académico considera que estas no tienen una precisión. No se ha entendido realmente la idea de cambio climático. Ahora todo, argumentó, se lo están atribuyendo a lo que es el resultado del calentamiento global. En ese sentido, cuando se generan políticas públicas eso puede llevar a crear leyes y entonces cuando se dé el contraste del calentamiento, que sería el enfriamiento global, ya no habrá como idea un cambio climático y esas políticas públicas van a quedar obsoletas.

“Creo que más bien lo que se debería de hacer es enfocar bien las políticas públicas al problema real de lo que vendría a ser un cambio climático por calentamiento global. Y entonces allí ya lo estás definiendo más certero, porque si lo dejas solo como calentamiento global o cambio climático, en algún tiempo van a quedar obsoletas”.

En México, Centroamérica y Sudamérica, explicó, se tiene el problema de que no se cuenta realmente con políticas públicas sobre el tema. "Por ejemplo, México ha hecho muchos estudios sobre las tendencias climáticas y las variaciones, pero los políticos realmente no están entendiendo el problema".

“En Veracruz tenemos 33 por ciento del agua que corre a nivel nacional y tenemos pendientes orográficas muy pronunciadas. Esas nos pueden dejar generación de energía eléctrica, pero no se está haciendo de forma correcta. Las investigaciones científicas a nivel país yo creo que son suficientes para que desde ahora ya pudiéramos tomar iniciativas a futuras respuestas. Se están haciendo muchas investigaciones”.

De acuerdo con Díaz Peón, hoy en día hay áreas que no son solo de las ciencias duras, sino de otras disciplinas que poco a poco se van adentrando en la investigación ambiental y comienzan a decir cómo se debería aplicar. En educación se están generando nuevas políticas para que desde lo básico ya se empiece a enseñar.

“También hay gente que se encarga de ver realmente la evidencia. Todos aquellos que se encargan de ver las mediciones y México está compitiendo en eso a nivel mundial de una forma a la par de las grandes potencias: Alemania, China, Inglaterra, Japón. Aunque no contamos con sus tecnologías, sí estamos contando con información. Científicamente se están haciendo cosas muy buenas (...) Antes del doctor Mario Molina, el problema de cambio climático no se conocía, era más fácil que no supieras qué era. Después de ese Premio Nobel, la información se volvió exponencial. A partir de eso voltearon a ver a México como un buen productor de investigación científica y tecnológica", aseguró el investigador.






CAPSAICINA, LA MOLÉCULA PICANTE CONTRA LA OBESIDAD

Zapopan, Jalisco. 18 de septiembre de 2018 (Agencia Informativa Conacyt). Picante pero sabroso. El chile es un fruto presente en casi toda la cocina mexicana y su sabor va desde algunos que prácticamente no son picantes, hasta aquellos que son un reto para el paladar, pero además del uso culinario, científicos jaliscienses han encontrado una nueva utilidad para el chile: explotar sus propiedades para combatir la obesidad.

 

El sabor picante del chile se debe a una molécula presente en su estructura: la capsaicina. Ésta se encuentra en la piel y semillas de este fruto abundante en México, por lo que científicos del Centro de Investigación y Asistencia en Tecnología y Diseño del Estado de Jalisco (Ciatej) trabajan en la producción de un compuesto similar a la capsaicina y que sea útil para combatir la grasa en adipocitos.

Los adipocitos son células capaces de almacenar energía en forma de grasa que, una vez que se acumulan, forman tejidos grasos en el organismo. El doctor Jorge Alberto Rodríguez González, investigador de la Unidad de Biotecnología Industrial de Ciatej, explica que la capsaicina es la encargada de producir el picor del chile, pero al mismo tiempo puede ayudar a inhibir la producción en exceso de adipocitos

“La capsaicina es una molécula pungente presente en el chile, y ya estamos acostumbrados a esta sensación de ardor; sin embargo, observamos que también puede tener otros usos, como alternativa para disminuir dolor o inflamaciones, e incluso en herramientas como el gas pimienta, pero la sensación picante sigue presente”.

 

Un producto similar al picante.

El científico, miembro nivel II del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), inició desde hace cinco años el proyecto Evaluación del efecto en la lipogénesis de una capsaicina obtenida por síntesis enzimática, orientado a producir capsaicina vía enzimática y posteriormente evaluar los efectos en la disminución de adipocitos en sujetos de investigación.

Rodríguez González menciona que anteriormente se han investigado los efectos del chile en distintos padecimientos; sin embargo, en este caso también trabajan con investigadores del Instituto de Biotecnología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en un proceso para generar a mayor escala una alternativa contra la obesidad, pero sin producir la sensación de enchilamiento, lo que derivó en la obtención de un análogo denominado olvanil.

“Producimos capsaicina y otros análogos vía enzimática, luego evaluamos sus propiedades en modelos celulares con adipocitos”, relata el investigador. En ese proyecto se observó que además de reducir los niveles de grasa en los adipocitos, también se logró inhibir la producción de más de estas células, que se multiplican una vez que son incapaces de soportar cierto límite de grasa, expandiéndose en el cuerpo, por ejemplo, en el abdomen.

 

El primer paso hacia un producto

El investigador menciona que durante la etapa de experimentación se aplicó olvanil a ratas de laboratorio, a las que se les midieron los niveles de grasa del tejido adiposo, encontrando que sus índices presentaban una disminución luego de que se les aplicara este análogo vía oral.

“Trabajamos con ratones que tuvieron una dieta rica en grasa para producirles obesidad, después les administramos vía oral este análogo para ver si la grasa acumulada disminuía con respecto a los que no se les suministraba, y descubrimos diferencias favorables en cuanto a la reducción de sus niveles de grasa, lípidos y glucosa en la sangre”.

Por ahora, añade el investigador, se trabaja en la gestión de recursos para realizar pruebas preclínicas, en encontrar mejores formulaciones y en medir la toxicidad de estas sustancias. Rodríguez González considera que esta iniciativa también es una oportunidad para generar un producto farmacéutico que pueda ser una alternativa a los tratamientos contra la obesidad.






ENTRE LA EDUCACIÓN Y LA DIVERSIÓN

Mario Pacheco

Monterrey, Nuevo León. 12 de septiembre de 2018 (Agencia Informativa Conacyt). En México, 60 por ciento de la población se declara usuaria del Internet y los jóvenes de 12 a 24 años hacen uso de la red en un porcentaje cercano a 85 por ciento, según señala el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

Dato añadido es que tres de cada cuatro usuarios de teléfonos móviles cuentan con un dispositivo inteligente (gadget), en el cual pueden realizar funciones adicionales a las de llamadas y mensajería SMS, como la toma de fotografías, grabación de audios, consultas en Internet, así como contar con un sistema de geolocalización.

Pero ¿qué tanto impacto tienen las también llamadas "tecnologías de la información" en el aprendizaje de los alumnos? ¿Están los programas educativos listos para conducir a las nuevas generaciones?

 

Metodología, necesaria para un buen uso de la tecnología educativa

La Agencia Informativa Conacyt tuvo la oportunidad de dialogar con el doctor en comunicaciones con orientación a tecnología educativa por la Universidad de Pensilvania, Mario Luis Pacheco Filella, especialista en procesos de innovación del aprendizaje, su diseño instruccional y la extensión de oportunidades educativas.

“La tecnología educativa es el sistema que integra los procesos de comunicación con los procesos de aprendizaje. Actualmente existe una enorme confusión, pues se dice ‘tecnología educativa’ y la gente piensa en computadoras, celulares, cuando en realidad se refiere a la manera en que vas a diseñar tu proceso de aprendizaje centrado en el alumno, de tal manera que integre procesos de comunicación con el aprendizaje”.

El doctor Mario Pacheco Filella asegura que una reforma es como un parche para la educación.

Por eso, Pacheco Filella encuentra necesario distinguir las tecnologías de otros elementos del proceso educativo, pues no se remiten únicamente al soporte o al apoyo, sino que son pieza clave en el aprendizaje.

“Las tecnologías no son herramientas, son procesos tecnológicos que te permiten investigar, navegar, discernir instrumentos, comunicarte. Depende del tipo de investigación que requieras, ya que todas son diferentes. Ese es el punto: ¿cómo se lo damos al alumno?”.

Sin embargo, el también fundador y director editorial de la revista de investigación de la Universidad Metropolitana de Monterrey cree que no es suficiente la modificación superficial de los modelos de educación, puesto que los problemas son más profundos.

“En vez de revisar los procesos, la metodología que se utiliza, caemos en las reformas, y una reforma sigue siendo un parche. Pero los países que están funcionando son los que han reinventado su sistema educativo. Y si no sabemos qué tipo de mexicanos queremos formar, mucho menos el tipo de conocimientos”.

 

Rediseño de programas educativos... y de los exámenes

"Tenemos que migrar hacia otro tipo de evaluaciones, a proyectos colaborativos que incluyan las nuevas tecnologías. Muchos se quejan de que los alumnos copian, y creo que un examen que se copia en su realización, es digno de ser copiado. Por eso necesitamos un rediseño, no solo del programa, sino de las formas de evaluar. Aquí es donde nos ponemos a pensar: ¿por qué un maestro establece los parámetros de un proyecto, si él no es quien lo estuvo elaborando?".

Pero dotar de tecnología a los estudiantes no augura un mayor aprendizaje o una sinergia entre el programa educativo en curso y las nuevas tecnologías, ya que hace falta capacitar a los elementos que harán uso de ellas.

"Podría decirte que dar la tecnología a los alumnos sin tener una metodología clara, es como darles una cajita feliz. El sistema debe de incluir cuál es el rol del docente para que el alumno construya conocimiento, ¿qué le damos para que sea él quien construya conocimiento? Es complejo el problema".