Villa Educación

Miércoles 12 de diciembre de 2018


NUESTROS ALIMENTOS ULTRAPROCESADOS DE CADA DÍA

Guadalajara, Jalisco. 11 de diciembre de 2018 (Agencia Informativa Conacyt). Ante el ritmo acelerado de vida, el consumo de alimentos ultraprocesados —obtenidos mediante complejos procesos industrializados— se considera una opción práctica, aunque en opinión de especialistas en salud y nutrición, está muy lejos de resultar saludable.

Pero ¿quiénes son los consumidores de estos productos ultraprocesados y por qué los incorporan a su dieta?

El maestro Joaquín Alejandro Marrón Ponce, investigador del Centro de Investigación en Nutrición y Salud del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), estudió las características sociodemográficas de los mexicanos para conocer el perfil de las personas que consumen alimentos ultraprocesados, usando como base la información de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2012 (Ensanut).

El trabajo de Marrón Ponce se complementó con trabajos similares de países como Canadá, Ecuador, Chile o Estados Unidos.

 

“Nos enfocamos en observar cómo era el comportamiento social, no solo en países latinoamericanos sino también cómo este consumo ha progresado en países de altos ingresos, como Estados Unidos o Canadá”.

 

Este estudio contempló cinco variables sociodemográficas: sexo, grupo de edad, nivel socioeconómico, zona geográfica y nivel educativo. En cuanto al primer rubro, en México se observó que son las mujeres quienes consumen más estos productos, de donde adquieren aproximadamente 30.1 por ciento de las calorías diarias, mientras que los hombres obtienen 29.5 por ciento de su consumo total de calorías de los ultraprocesados.

Los alimentos ultraprocesados se caracterizan por ser aquellos que atraviesan procesos industrializados y están hechos de varios ingredientes, algunos de ellos obtenidos de manera sintética; estos productos suelen estar listos para comer, por lo que su presentación puede ser en envases listos para calentar o en envolturas, como las frituras.

 

“Son aquellos productos que están listos para ser consumidos de forma inmediata. Una particularidad que tienen estos productos es que están hechos de muchos ingredientes, como mínimo incluyen seis ingredientes, entre ellos sustancias que normalmente no se utilizan en la cocina tradicional”, señala el investigador.

 

Dime lo que comes y te diré quién eres

En la variable de grupo de edad, se evaluaron cinco periodos: 2-9 años, 10-19 años, 20-39 años, 40-59 años y más de 60 años. En el caso de México, el primer grupo (2-9 años) fue aquel en el que se detectó que consumen más alimentos ultraprocesados, con un promedio de 38.6 por ciento del total de calorías obtenidas de estas fuentes de comida.

Aunque esa ingesta no es saludable, contrasta con el consumo de otros países como Estados Unidos, donde ese grupo de edad consume más de 65 por ciento de sus calorías de alimentos ultraprocesados, o con Ecuador, donde se reportó un consumo de aproximadamente 16 por ciento en las personas de menor edad.

De los tres niveles socioeconómicos evaluados, bajo, medio y alto, se observó que el primero de ellos es el que menor consumo de ultraprocesados reporta, con un promedio de 23.5 por ciento de las calorías de su dieta, mientras que los otros apartados se encontraban en 31.3 por ciento y 33.6 por ciento, respectivamente.

En la variable de la zona geográfica, se reportó que los ciudadanos de áreas urbanas son mayores consumidores (32.4 por ciento) ante los de zonas rurales (22.9 por ciento); esa tendencia de más consumo en ciudades que en áreas rurales se observa en casi todos los países evaluados, con excepción de Canadá y Australia.

En cuanto al nivel educativo, se consideró a ciudadanos de más de 20 años en tres grupos: alto, medio y bajo. En México, se registró que aquellos con nivel educativo alto eran quienes consumían más ultraprocesados (37 por ciento), seguidos de los que tienen un grado medio (29 por ciento) y los de rango bajo (21 por ciento).

Sin embargo, el maestro Marrón Ponce señala que aún hace falta esclarecer este último rubro, pues es necesario no solo evaluar el nivel educativo —que podría atribuirse a una relación laboral estable— sino también los conocimientos alimenticios que tengan los ciudadanos, para así poder conocer si existe una educación alimenticia ideal.

 

Un estudio internacional

Marrón Ponce menciona que el consumo en exceso de estos productos puede generar enfermedades crónico degenerativas, como diabetes, sobrepeso u obesidad, lo que convierte el consumo indiscriminado de estos alimentos en un riesgo para la salud mundial.

Tratamos de detectar los segmentos sociodemográficos de la población que tienen mayor riesgo al consumir esos productos”, explica Marrón Ponce. Los resultados de este perfil de consumidor mexicano se elaboraron junto a otros especialistas, que indagaron la información de otros países como Canadá, Ecuador, Chile, Estados Unidos, Australia, Brasil, entre otros.

El trabajo del maestro Marrón Ponce se complementa con los indicadores de otros ocho países; al igual que el investigador, otros profesionales de la nutrición participaron en este proyecto internacional: Larissa Baraldi (Brasil y Estados Unidos), Fernanda Rauber (Reino Unido), Milena Nardocci (Canadá), Priscila Machado (Australia), Gustavo Cediel (Chile), Neha Khandpur (Colombia) y Philippe Belmont Guerrón (Ecuador).

El investigador nutricional menciona que este estudio internacional señala algunas diferencias de consumo entre los países considerados en transición alimentaria y aquellos que ya se consolidaron como potencias, por lo que podría ser un trabajo para acercarse a las políticas públicas implementadas en aquellos estados con mínimo consumo de ultraprocesados y así frenar el uso de este tipo de productos en las naciones emergentes.






UNA MIRADA AL RAP DESDE LA ACADEMIA

Morelia, Michoacán. 15 de diciembre de 2018 (Agencia Informativa Conacyt). Nace en el Bronx y evoluciona como una compleja estructura que devela los más profundos secretos de la calle. El rap se estudia desde hace unos años en la academia como una forma de abordar las culturas populares urbanas y ganar un mejor entendimiento de las dinámicas sociales que se materializan en las expresiones artísticas.

El Laboratorio Nacional de Materiales Orales (Lanmo) de la Escuela Nacional de Estudios Superiores (ENES), unidad Morelia, hace un trabajo interinstitucional para el estudio multidisciplinario de los discursos orales, así como las manifestaciones derivadas de ellos como son los gestos, la sonoridad, la memoria, corporalidad, ritualidad, expresiones musicales, entre otras.

Esa es la base que les permite estudiar las dinámicas sociales, formas de comunicación, estructuras de pensamiento, congregar los saberes locales, profundizar las prácticas tradicionales y las manifestaciones artísticas.

 

"Hace 10 años aproximadamente se comenzó a estudiar desde la etnomusicología los temas de contracultura y escenas musicales subalternas, debido a su contenido social y musical", señala el doctor en etnomusicología y técnico del Lanmo, Roberto Campos Velázquez.

 

A pesar de que su estudio es reciente, este fenómeno tiene una historia que comienza desde los años 60 a inicios de los 70 en el Bronx. Una cultura donde se familiarizaron algunos sectores marginados de la población, como grupos de migrantes provenientes sobre todo de Jamaica, menciona el estudiante de literatura intercultural Juan Juárez Martínez, que actualmente realiza su proyecto de tesis en el Lanmo sobre el rap, asesorado por el doctor en literatura comparada Santiago Cortés Hernández.

El Laboratorio Nacional de Materiales Orales (Lanmo) fue el primero aprobado por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) en el área de humanidades. Actualmente desarrolla diferentes proyectos de investigación que se enfocan en la construcción del discurso oral para documentar, procesar y analizar esa información.

También alberga otros proyectos, proporciona herramientas técnicas para poder desarrollarlos y producir materiales que sirvan como referencia para investigadores. Se generan estudios básicos sobre los materiales orales, que puedan ser utilizados como punto de partida para estudiarse con mayor profundidad. 

Para Roberto Campos Velázquez, miembro nivel I del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), el rap "se estudia porque con el tiempo se ha convertido en una de las más importantes expresiones de arte urbano, por el foco internacional que ha ganado con los años".

Ese foco no solo se debe a la musicalidad tan característica del rap, sino también a que a través de él se ha expresado la crítica a la colonización, racismo, explotación, etcétera. Juan Juárez explica que el hip hop se puede abordar en sus diferentes elementos.

 

"En la época dorada del rap, los años 90, se abordó el gangsta rap con su discurso de violencia, pero también se generó un discurso social con crítica al racismo, sobre todo. Así se dio voz a los que habían sido históricamente silenciados. Cuando se internacionalizó llegó a otros espacios donde también había algo que decir, por lo que se fueron incorporando nuevas realidades y generando una escena más consciente en el rap", explica Juárez Martínez.

 

Pero se mantuvieron los pilares sobre los que se construyó el rap: el rol del DJ, rap, break dance y grafiti.

Cortés Hernández menciona que hay raperos que son también académicos, en esa búsqueda de crear y pensar su actividad. Ejemplos de ellos son Menuda Coincidencia, Franchini, Olmeca, Feli Dávalos, entre otros.

El estudio del discurso y de las expresiones urbanas no se limita solamente al rap, Cortés Hernández dio el ejemplo de los albures, este juego de palabras con doble sentido que conforma la identidad mexicana.

 

"Aunque no se aborde de forma específica, ya ha sido retomado por académicas como Helena Beristáin. Lo que los unifica es la intención de estudiar las culturas populares urbanas. El caso del rap es privilegiado porque ha obtenido un foco internacional y, por su contexto, permite que se estudie desde diferentes disciplinas como la etnografía, musicología, antropología, literatura".

 

Un evento en la Facultad de Filosofía de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo convocó a los raperos de la ciudad para dialogar sobre si en el rap se habla de las drogas como una apología o haciendo una crítica.

Fue organizado por el doctor en ciencias de la educación, Víctor Hugo Valdés Peña, catedrático de la facultad, junto con los estudiantes José Alberto Piña y Víctor Manuel Zamudio, para exponer la lejanía que tienen las instituciones educativas y gubernamentales con el rap y expresiones alternativas.

El rapero moreliano RITEK mencionó que el rap ha sido una forma de resistencia, pero en esa finalidad hay también una responsabilidad.

 

"El rap mueve a las juventudes. El ritmo nos educa, por más rebeldes que nos creamos tenemos que educarnos. Yo he estado en lo más 'culero' de la calle, pero salí para poder estudiar. El rap tiene que pasar por eso también, de la calle a la universidad porque somos comunicadores".

 

Y aunque como una expresión artística exista un debate sobre si tiene o no una responsabilidad o deber ser, los doctores del Lanmo señalan que es innegable su relación con la academia.

 

Primera Cumbre Latinoamericana de Rap: Voces del Hip Hop

Las actividades del Laboratorio Nacional de Materiales Orales consisten en la construcción del repositorio, documentación en campo, documentación en archivo, actividades con comunidades, procesamiento y edición de materiales orales, desarrollo de instrumentos electrónicos, experimentación sonora, grabaciones de estudio y realización de actividades académicas.

Dentro de las últimas se hace un evento magno cada año. El año pasado se realizó el Congreso Internacional de Poéticas de la Oralidad: Homenaje a Margit Frenk.

 

"Este año nuestro evento magno fue la Primera Cumbre latinoamericana de Rap: Voces del Hip Hop, que fue en septiembre, donde participaron más de 25 raperos del mundo: España, Colombia, Chile, Cuba, Argentina, Costa Rica, Guatemala y México", menciona Juan Juárez Martínez, coordinador principal del proyecto.

 

No se trató de un evento académico donde se estudió el hip hop, sino un evento académico construido desde los raperos, explicaron los organizadores. En el encuentro, se presentaron siete mesas temáticas en donde se abordaron temas como Rap y Sociedad I y II.

Roberto Campos Velázquez menciona que "debido a la internacionalización del rap se incorporaron nuevas voces y elementos. Los pilares del rap en Latinoamérica son consistentes con el rap originario; sin embargo, no se ha llegado a un acuerdo de cómo manejar el contexto latinoamericano. Con esta cumbre pretendemos que además de que se estudie el rap, se genere una congregación sobre el quehacer de este, así como las líneas de pensamiento".

Otro tema en la cumbre, que tuvo como sede el auditorio de la CSAM de la UNAM, campus Morelia, fue el Hip Hop y las lenguas originarias, con el fin de visibilizar el fenómeno de asunción del rap por culturas originarias, haciendo un espacio para analizar la mexicanidad en el género.

 

"Las lenguas operan en diferentes esquemas de pensamiento. La semántica musical cambia según el idioma. Es un tema que se tiene que poner sobre la mesa porque los jóvenes, sin importar su contexto, están acudiendo al rap para expresarse, ¿por qué están eligiendo este vehículo y no otros? Eso es lo interesante".






LITERATURAS DEL NORTE DE MÉXICO, RETRATOS DE OTRO MUNDO

San Luis Potosí, San Luis Potosí. 3 de diciembre de 2018 (Agencia Informativa Conacyt).- “La categoría de literatura del norte es una de las categorías críticas más productivas, exitosas e interesantes de la literatura mexicana en las últimas décadas. En ese sentido, hay una enorme polémica en torno a la cuestión de qué debemos entender por norte o literatura del norte, y toda una serie de elementos que se adhieren a estas etiquetas. Como la idea de literatura del desierto que se manejó mucho en la década de 1980, y también la idea de una literatura fronteriza, etcétera. Todos estos elementos abren una serie de imaginarios en torno a los cuales se generan manifestaciones literarias que van más allá de lo que tradicionalmente se postula: que es una literatura del crimen organizado, por ejemplo”, afirma el doctor Daniel Zavala Medina.

Para el doctor en literatura hispánica por El Colegio de México y miembro nivel I del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), la exploración de las distintas vertientes que surgen en los estados del norte de México muestran la necesidad de cuestionar los prejuicios y las categorías para plantear si de verdad existe una literatura norteña aparte de la literatura mexicana en general.

 

“Mi convicción es que no hay una literatura del norte sino una serie de literaturas. Ahora bien, establecer una serie de características en torno a esas literaturas y establecer un corte de estas con las literaturas del centro o del sur, sería muy arriesgado. Pienso que lo que nos corresponde como labor crítica de los estudiosos de la literatura, es ver qué elementos están constituyendo estos fenómenos literarios en sus distintas manifestaciones. Una de las cuestiones que se postulan es que en las literaturas del norte hay una esencia enlazada con el asunto de un paisaje que normalmente es el desierto, además de la especificidad del lenguaje, y de un grupo poblacional con características muy propias”.

 

Sin embargo, esa visión es una perspectiva heredada del siglo XIX, y que el también profesor investigador de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (FCSyH UASLP) reconoce como útil para reflexionar que no se debe de pensar en las literaturas del norte como fenómenos aislados de otras manifestaciones culturales en México. Porque de lo contrario, esa perspectiva supondría la generación de especificidades culturales a partir de un paisaje, algo que en su momento entonaba con la estructura de las visiones nacionalistas de aquel siglo.

 

“Es un fenómeno complicado. Por ejemplo, estamos viviendo un periodo de crimen organizado en que el narcotráfico es muy visible, pero me parece que no podemos decir que la literatura del norte es fundamentalmente narcoliteratura. Creo que la visibilidad de esta literatura tiene que ver también con la visibilidad en los medios del fenómeno del narco, que podemos observar también en las llamadas narcoseries, que gozan de una gran popularidad, y que  son espejo de un fenómeno que ocurre y que se consume. Entonces resulta que algunas editoriales están promoviendo este tipo de literatura, pero también es un fenómeno que se genera como una especie de exotismo”.

 

Y eso es interesante porque el caso de la narcoliteratura pareciera a simple vista el producto de una realidad que solo se vive en ese norte mexicano, esa otra región cultural que separamos del centro y del sur del país. Cuando en realidad la violencia se encuentra en todos lados. Hecho que en el norte se nutre del contexto sociopolítico y económico que surge de nuestra vecindad con los Estados Unidos, y sus obsesivas exigencias para controlar la violencia y el crimen organizado dándole mayor visibilidad.

 

“Me parece que tenemos una buena cantidad de autores que sí nacieron en el norte mismo. En primer lugar, daría el nombre de Martín Luis Guzmán, quien nació en Chihuahua en 1887 y que nos dejó un par de obras fundamentales de la literatura mexicana como son La sombra del caudillo y El águila y la serpiente. En cuanto a literatura del norte más reciente, tenemos autores muy interesantes como Carlos Velázquez (El karma de vivir en el norte) o Julián Herbert (Canción de tumba), que aunque este último no nació allá, es una de las figuras más visibles del fenómeno. Me gusta mucho la obra de Daniel Sada (Casi nunca), David Toscana (El ejército iluminado), Luis Humberto Crosthwaite (Instrucciones para cruzar la frontera), es decir, tenemos un abanico de posibilidades muy, muy interesante”.

 

La visión femenina del norte: una literatura de violencia y resistencia

“Pienso que la literatura del norte se da en una región que tiene muchas leyendas tanto de México como de los Estados Unidos, y que ha sido romantizada o demonizada como tierra de violencia, matanzas y feminicidios. Y pienso que ahí hay algo que no se lee mucho ni en México ni en los Estados Unidos, pero que es algo que representa la cultura en esta región, donde hay mucho más que las leyendas tanto buenas como malas”, afirma la investigadora Madison Felman-Panagotacos, maestra en literatura y lenguas hispánicas por la Universidad de California Los Ángeles (UCLA).

La investigadora tiene un particular interés en el uso de la ficción como un medio de disidencia política en Argentina y México, lo que le ha llevado a indagar cómo es que los contextos socioculturales latinoamericanos condicionan de manera profunda, tanto en cine como en literatura (por ejemplo, ha trabajado sobre la representación del trauma infantil en la filmografía de Lucrecia Martel), las producciones específicas de ambas geografías. Así, se crean mundos pero también las fronteras de pensamiento, e incluso políticas se derrumban ante la literatura.

 

“La gente al leer, aprende. Y al aprender de una cultura nueva, es como si se expandiera su conocimiento y sabiduría, como sucedería por ejemplo si una persona que no vive en la frontera comienza a leer literatura sobre la vida cotidiana en la frontera. Pienso que esto puede permitir construir desde la literatura mejores relaciones entre los Estados Unidos y México, e incluso entre regiones dentro de ambos países”.

 






HISTORIA Y CIENCIA CON SABOR A CHOCOLATE

Guadalajara, Jalisco. 2 de diciembre de 2018 (Agencia Informativa Conacyt). De cáscara dura, pulpa dulce y semillas amargas, el cacao es un fruto que puede protagonizar varias historias, ya sea con su pasado en Mesoamérica, como un tesoro robado y enviado a Europa, como un producto que endulza los paladares o siendo el manjar favorito de los dioses de las antiguas civilizaciones del continente.

Para comprender y debatir sobre este fruto, a veces amargo o dulce, distintos expertos y conocedores del cacao se reunieron en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) para brindar la charla “muy sabrosa” Chocolate: ciencia e historia del manjar de los dioses, donde además se platicó sobre la historia de este producto en nuestro país.

La maestra María Emilia Beyer Ruiz, académica de la Dirección General de Divulgación de la Ciencia (DGDC) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y conocedora de la ciencia y biología de este fruto, manifestó que desde su experiencia le tocó convivir con niños que no conocían el origen del chocolate, por lo que consideró importante destacar el papel del cacao en la historia.

Explicó que el nombre científico del árbol de cacao (Theobroma cacao) le fue atribuido por el sueco Carlos Linneo?, considerado padre de la taxonomía. Además, Beyer Ruiz señaló que este nombramiento junta significados como dios (Teo) y alimento (broma), lo que podría traducirse como un alimento o manjar de los dioses.

 

“El cacao pertenece a nuestra cultura, a nuestra historia y a nuestro modo de hacer las cosas, a nuestra propia identidad, y para el resto del mundo es un producto que gusta mucho, se vende bien y a todos nos gusta”.

 

El fruto del cacao tiene forma similar a un melón alargado, agregó Beyer Ruiz. Este cuenta con una cáscara dura que puede ser devorada por aves o primates, quienes se alimentan de la pulpa azucarada del fruto, abandonando las amargas semillas del interior, las cuales son dispersadas por los mismos animales cuando acaban de comer.

Además, la divulgadora científica enfatizó que es necesario conocer el origen y punto de domesticación del cacao. El fruto, ahondó, tiene sus orígenes en la selva mesoamericana, donde las antiguas civilizaciones empezaron a cultivarlo y aprovecharlo para consumir como bebida.

El chocolate contiene vitaminas B1, B2 y antioxidantes, recordó Beyer Ruiz; sin embargo, también es fuente de cafeína y teobromina, que ayudan a mantener al consumidor alerta: “Es un alimento que nos beneficia, es en realidad muy sabroso”.

 

Delicias desde el pasado

Por su parte, el historiador gastronómico Edmundo Escamilla, relató que, según códices de las antiguas civilizaciones, el cacao ya era consumido hace tres mil 500 años, y se ha encontrado evidencia de que culturas como la maya o la olmeca ya se alimentaban de este fruto, de acuerdo con análisis a los residuos de recipientes de esa época que han sido encontrados.

“Nosotros consumimos cacao desde hace tres mil 500 años, se lo llevaron a Europa donde tienen aproximadamente 400 años de estar consumiéndolo”. Escamilla mencionó que anteriormente el cacao se utilizaba como unidad de cambio entre antiguas civilizaciones, y consideró que durante la época de la conquista la verdadera pérdida no fue el oro, sino el tesoro que representaban los granos de cacao.

Escamilla también señaló que anteriormente el cacao se consumía únicamente con agua, y fueron otras culturas, como la europea, quienes le agregaron otros ingredientes como azúcar y leche para modificar su característico sabor amargo, para ser del agrado de los paladares del antiguo continente.

La maestra Beyer Ruiz detalló que Costa de Marfil es el país con mayor índice de producción de cacao, situación que no se replica en México, donde hay cultivos de este fruto en estados del sur y sureste. Para mejorar la producción en el país, la divulgadora mencionó que debe haber más investigación científica en el campo y así conocer las condiciones óptimas para explotar este “manjar de dioses”.

Beyer también participó en otras conferencias sobre ciencia durante la FIL.






DISTINGUEN EN LA FIL TRAYECTORIA DE RAÚL ROJAS GONZÁLEZ

Raúl Rojas, tercero a la derecha, fue reconocido por su contribución a la divulgación científica. Crédito: Fondo de Cultura Económica.

Guadalajara, Jalisco. 2 de diciembre de 2018 (Agencia Informativa Conacyt). Por su contribución a la divulgación de la ciencia a través de la literatura, el doctor Raúl Rojas González, científico mexicano en la Universidad Libre de Berlín, Alemania, recibió el Premio Internacional de Divulgación de la Ciencia Ruy Pérez Tamayo que otorga el Fondo de Cultura Económica (FCE).

Rojas González, doctor en economía y especialista en vehículos autónomos e inteligencia artificial, fue reconocido por su obra El lenguaje de las matemáticas. Historias de sus símbolos, donde a través de una serie de capítulos cuenta los orígenes de los símbolos matemáticos, como la cruz que se utiliza para sumar.

Este premio reconoce la labor de divulgación científica que realizan los profesionales de la ciencia, señaló Ruy Pérez Tamayo, investigador, científico y miembro de El Colegio Nacional, durante la presentación del galardón para el autor de El lenguaje de las matemáticas. Historias de sus símbolos.

“Una forma de divulgar la ciencia es hablar de cómo se hace la ciencia, no solamente del contenido, sino de las maneras en que lo hacemos los científicos”, señaló Pérez Tamayo durante la entrega de la edición IV de este galardón, que formó parte de las actividades de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL).

 

Trayectoria y talento destacado

Egresado de la Escuela Superior de Física y Matemáticas del Instituto Politécnico Nacional y actualmente profesor en la Universidad Libre de Berlín, Raúl Rojas González confesó que para terminar El lenguaje de las matemáticas. Historias de sus símbolos enfrentó breves dificultades; sin embargo, consideró que se trata de un trabajo que acerca la ciencia a los lectores y que cuenta con fuentes históricas que fueron complicadas de recopilar.

“Me tardé prácticamente 20 años en escribir este libro, lo que parece absurdo si ven el número de páginas del libro, pero lo destacable es lo siguiente: he dado muchas clases de matemáticas en México, Alemania y otros países, y a veces cuando uno da clases de matemáticas los estudiantes empiezan a aburrirse y a perderse en la demostración y a perder el interés, entonces hay que recuperar esa audiencia, hay que hacer preguntas o mostrar algo nuevo”.

 

Rojas González recordó que durante sus clases de matemáticas solía cuestionar a sus alumnos sobre el significado y origen de los símbolos matemáticos, lo que consideró como un método para hacerles saber que las matemáticas tienen una historia y un proceso de evolución.

Editado por el Fondo de Cultura Económica, El lenguaje de las matemáticas. Historias de sus símbolos documenta que las matemáticas también han superado un proceso evolutivo, similar al de la naturaleza.

 

“Es un proceso evolutivo pero también de disputa a veces entre culturas nacionales que tienen diferentes connotaciones, pero a veces es un accidente determinar qué símbolos matemáticos se van a usar en todo el mundo”, relató.

 

El investigador también señaló que en ocasiones existe el riesgo de afectar el interés por las matemáticas entre los jóvenes, lo que se observa en que algunos de ellos eligen una carrera que no aborde esta disciplina, por lo que hay una oportunidad de mostrar las bondades de las matemáticas a través de diversas tecnologías, pero El lenguaje de las matemáticas. Historias de sus símbolos también puede ser una opción para este objetivo.

 

Un camino para informar sobre ciencia

¿De dónde proviene el símbolo de más? ¿Cuál es el origen de las líneas que significan 'igual a'? ¿Cómo se inventó el número cero? Con bases históricas, Rojas González busca dar a conocer las raíces de estos símbolos matemáticos y así compartir el conocimiento detrás de ellos, relató Pérez Tamayo, quien calificó El lenguaje de las matemáticas. Historias de sus símbolos como una obra fascinante para aquellos que deseen aprender de historia matemática.

 

“Veo que el jurado calificador, que revisó un gran número de textos que se mandaron a la competencia de este premio, escogió el mejor; no creo que haya habido un texto mejor que el de Raúl Rojas, realmente hizo una obra extraordinaria y maravillosa; no solo merece este premio, sino una divulgación mayor, porque se trata de enfrentar el lenguaje de las matemáticas con una visión extraordinariamente generosa”, consideró Pérez Tamayo.

 

Por su parte, el doctor Héctor Arita, investigador del Centro de Investigaciones en Ecosistemas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y ganador de la edición pasada de este premio, mencionó que este tipo de iniciativas son útiles para que los científicos puedan divulgar historias y relatos en torno a la ciencia para un público más general.

 

“Todos conocemos estos símbolos por la educación que nos dan en matemáticas durante el bachillerato, pero generalmente no conocemos cuál es el origen de estos símbolos, y además en el origen está también escondido y embebido el significado”.