Villa Educación

Domingo 15 de septiembre de 2019

.: Filtro de Proyectos :.



LA POSICIÓN DE LA TIERRA ALREDEDOR DEL SOL DEFINE LAS ESTACIONES

¿Por qué el verano empieza el 21 y no otro día?

El verano de 2018 comenzará el 21 de junio, a las 10.07 (GMT). Esta estación durará 93 días y 15 horas, y terminará el 23 de septiembre con el comienzo del otoño.

Los inicios de las estaciones no son un capricho, sino que se definen como aquellos instantes en los que la Tierra se encuentra en una determinada posición en su órbita alrededor del Sol. En el caso del verano, esta posición corresponde al punto en el que el centro del Sol, visto desde la Tierra, alcanza su máxima declinación Norte (+23º 27'). Cuando eso sucede, la altura máxima del Sol al mediodía apenas cambia durante varios días, circunstancia a la que se llama solsticio (Sol quieto) de verano. En el momento en que el verano empieza en el hemisferio norte, en el hemisferio sur hace lo propio el invierno.

El solsticio del verano puede producirse a lo sumo en tres fechas distintas del calendario: los días 20, 21 y 22 de junio, aunque durante el siglo XXI sólo ocurrirá los días 20 y 21 de junio. El inicio más tempranero sucederá el año 2096, y el inicio más tardío ocurrió el año 2003. Las variaciones de un año a otro son debidas al modo en que la duración de la órbita de la Tierra alrededor del Sol (conocida como año trópico) encaja en la secuencia de años bisiestos del calendario.

Por estas fechas se da también el máximo alejamiento anual (afelio) entre la Tierra y el Sol. En 2018, el máximo alejamiento se dará el día 6 de julio, siendo la distancia de algo más de 152 millones de km., unos 5 millones más que a principios de enero, cuando la distancia al Sol alcanzó su mínimo anual.

El solsticio de verano 2018 se producirá el jueves 21 de junio a las (10.07 hora GMT), por lo que este será el día del año con más horas de luz solar.

En esta fecha, el polo Norte se encuentra más inclinado hacia el Sol que durante cualquier otro día del año. Esto significa que, en el solsticio de junio, el hemisferio norte vive el día más largo y la noche más corta del año. Todo lo contrario ocurre en el hemisferio sur, donde junio trae el solsticio de invierno y el día más corto del año.

Origen del nombre

El nombre de 'solsticio', procedente del latín 'sol' (Sol) y 'sistere' (permanecer quieto) y su origen reside en que, durante estos días, la posición del Sol al mediodía no cambia.

Durante estas fechas, el Sol y la Tierra están más alejados entre sí que el resto del año. Es lo que se conoce como afelio y se produce porque, en su desplazamiento en torno a la estrella, la Tierra no traza una trayectoria circular perfecta sino elíptica.

En este momento del año, el planeta se mueve más lentamente por su órbita, lo que provoca que el verano tenga una duración mayor a la del resto de las estaciones. En el 2018, el máximo alejamiento se dará el día 6 de julio con una distancia de algo más de 152 millones de kilómetros.

El fenómeno astronómico del solsticio de verano ha sido motivo de celebración con fiestas y rituales en numerosas culturas.




¿POR QUÉ LOS CIENTÍFICOS EXPERIMENTAN CON RATAS Y RATONES?

(Agencia Informativa Conacyt). En investigación básica, principalmente en la orientada a la salud, se requiere de modelos animales, criados en su mayoría en bioterios ex profeso, y que resultan esenciales en la etapa de experimentación.

Pero ¿por qué es necesario hacer uso de este tipo de animales en proyectos de investigación y por qué son las ratas el modelo más utilizado? De acuerdo con la doctora María Alicia Sánchez Mendoza, investigadora en ciencias médicas del Instituto Nacional de Cardiología Ignacio Chávez, se recurre a modelos animales debido a que en la actualidad son la mejor opción para reproducir las condiciones fisiológicas y patológicas que puede desarrollar un organismo complejo.

“Para poder tener todas las características propias de una enfermedad desarrollada por un ser vivo, no hemos sido capaces de generar otras opciones que funcionen mejor que un sujeto vivo”.

¿Por qué ratas y ratones?

La doctora, que también es miembro nivel II del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), dijo que aun cuando se experimenta con diversos modelos animales, que van desde las ratas y cerdos hasta los primates, los roedores son la mejor opción por varios factores, como el tamaño, su ciclo de vida y algunas similitudes fisiológicas con los humanos.

“El tamaño es importante, entre otras cosas, porque la cantidad de fármaco que se emplee para aliviar una enfermedad o producir una situación patológica es realmente mínima en comparación con otras especies cuyo tamaño es mayor. Debemos considerar que en investigación, un solo miligramo de ciertas sustancias puede costar arriba de los 80 mil pesos y ello hace que resulte demasiado costoso probar o desechar una sola hipótesis que se tenga”.

En términos de la fisiología del animal, la investigadora precisó que gracias a que la mayoría de sus órganos son similares a los de los humanos, tienen la capacidad de reproducir las mismas patologías y, en consecuencia, muchas de las respuestas terapéuticas con fármacos que resulten efectivos en los roedores podrían replicarse en los humanos.

“Además, unificar las especies utilizadas en actividades experimentales permite que los trabajos realizados por otros grupos a nivel nacional e internacional sean utilizados como referencia. Eso hace posible realizar una estandarización de las observaciones, lo cual a su vez implica un mejor traslado de esos conocimientos a la etapa clínica”.




SISMOS Y VULCANISMO EN MÉXICO

(Agencia Informativa Conacyt). A través de estudios sobre geología y tectónica regional, particularmente de arcos magmáticos cenozoicos, el doctor Luca Ferrari Pedraglio, investigador titular del Centro de Geociencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), dio a conocer la importancia del conocimiento del movimiento y evolución de las placas tectónicas, así como la relación de estas con la sismicidad y vulcanismo en México y el mundo.

En entrevista para la Agencia Informativa Conacyt, el investigador destacó que la tectónica de placas es la teoría de capa sobre capa utilizada actualmente por la mayoría de los especialistas en ciencias de la Tierra para describir y entender los movimientos dentro de la litósfera —la capa más externa de la Tierra sólida—, movimientos que explican los sismos, formación de volcanes y sus erupciones.

“Los movimientos de las placas tectónicas representan una liberación de energía de la Tierra y se perciben principalmente por dos maneras: sismos y vulcanismo, donde sabemos que los terremotos se dan en los límites de placas, estas convergen, divergen o se mueven una con respecto a la otra lateralmente, de la misma forma que tales movimientos en el vulcanismo provocan la fusión parcial de las rocas en el interior de la Tierra, particularmente en el manto superior”, explicó.

Con estos fenómenos, una parte de la energía acumulada en la corteza terrestre se libera en forma de calor y otra en ondas sísmicas, y es comparable con la cantidad de energía que se desprende durante una explosión nuclear o por la energía liberada por la detonación de dinamita.

Sismos y vulcanismo han marcado el territorio mexicano durante su historia y el especialista ha propuesto modelos que explican la evolución tectónica de México de los últimos ochenta o cien millones de años, tiempo que para los geólogos es relativamente corto.

Tal es el caso del modelo de origen de la Sierra Madre Occidental, el cual es el resultado del magma cretácico-cenozoico y de episodios tectónicos relacionados con la subducción de la placa Farallón —una placa que existía entre la placa del Pacífico y la Norteamericana hace sesenta millones de años aproximadamente.




¿POR QUÉ SOÑAMOS?

Se cuenta que Bram Stoker soñó su Drácula, lo mismo que Mary Shelley su Frankenstein, Robert Louis Stevenson sus Jekyll y Hyde, e incluso Paul McCartney su Yesterday. Y pese a todas las reflexiones, teorías y experimentos sobre una cuestión que ha fascinado al ser humano desde siempre, la respuesta corta a la pregunta “¿por qué soñamos?” hoy continúa siendo ésta: no lo sabemos. “¡Ojalá lo supiéramos!”, dice a OpenMind Ursula Voss, neuropsicóloga de la Universidad Goethe de Fráncfort (Alemania).

En el siglo XXI ya no creemos, como en la antigüedad, que los sueños tengan un carácter sobrenatural. Pero curiosamente y a pesar de toda la ciencia acumulada, cuesta desterrar su interpretación profética: un estudio de 2009 descubrió que muchos participantes en una encuesta tenderían a cancelar un vuelo si la noche anterior soñaban que el avión se estrellaba.

Dado el carácter intenso y a veces extraño de la experiencia onírica, es natural que el ser humano haya perseguido desde antiguo explicar los sueños. Esta búsqueda encontró su primer análisis científico a finales del siglo XIX gracias a Sigmund Freud. La interpretación de los sueños (1899) es un best-seller histórico en el que muchos lectores han buscado explicación simbólica a sus sueños y pesadillas. Pero el texto del psicoanalista austríaco no es un diccionario de traducción, sino la prolija discusión de la tesis según la cual los sueños son manifestaciones de deseos del subconsciente; una idea ya apuntada siglos antes por Aristóteles y Platón.

LOS SUEÑOS APARECEN EN LA FASE REM

La influencia del trabajo de Freud se prolongó durante buena parte del siglo XX. Sin embargo, ya en su época existía otra corriente, integrada por autores médicos, que buscaban una interpretación de los sueños más biológica que psicológica. En los años 50 se descubrió que los sueños aparecían vinculados a una fase caracterizada por una gran actividad cerebral y movimientos oculares rápidos (MOR o REM en inglés). El avance de las neurociencias permitió abordar el estudio de los sueños desde un enfoque más orgánico, y en 1977 los psiquiatras de la Universidad de Harvard Allan Hobson y Robert McCarley propusieron una teoría neurobiológica de los sueños llamada hipótesis de activación-síntesis.

Los sueños aparecen en la fase REM, caracterizada por una gran actividad cerebral.

Hobson y McCarley describieron los sueños como una consecuencia de la activación espontánea durante la fase REM de una región primitiva del cerebro, el tronco encefálico. Cuando la corteza cerebral, donde reside el pensamiento superior, recibe esa especie de ruido neuronal aleatorio, trata de convertirlo en algo que tenga sentido, y lo hace tirando de nuestro archivo personal de imágenes y experiencias. Es en este proceso de “síntesis” cuando aparece la narrativa del sueño; pero como en el proceso nuestra mente baraja ese archivo dependiendo de esas ráfagas inconexas, los resultados pueden ser aberrantes. En la teoría de activación-síntesis, este es el origen de ese carácter a veces estrafalario y absurdo de nuestras aventuras oníricas.

Pero el modelo de Hobson y McCarley ni mucho menos zanjó la cuestión; descubrimientos posteriores han aportado nuevos datos que dificultan el encaje de todas las piezas. Hoy sabemos que otros mamíferos, aves y reptiles comparten con nosotros la fase REM, pero también que nuestros sueños no están confinados únicamente a esta etapa. Y que los sueños no suelen estar tan dominados por el surrealismo como creemos: según el investigador G. William Domhoff, de la Universidad de California en Santa Cruz (EEUU), la conclusión de más de cinco décadas de registro de sueños es que nuestro mundo onírico se parece más a la vida cotidiana que al País de las Maravillas de Alicia, y que guarda cierta regularidad y coherencia, incluso con nuestros pensamientos durante el día.

Los sueños participan en la consolidación de la memoria

Por otra parte, las investigaciones revelan que los sueños participan en la consolidación de la memoria, transfiriendo lo aprendido desde el hipocampo a la corteza cerebral y relacionándolo con nuestro catálogo de emociones. Estas observaciones cuadrarían con la idea de que los sueños puedan tener una función biológica adaptativa; tradicionalmente se ha contemplado la capacidad de soñar como un mecanismo de higiene psicológica, necesario para mantener una mente sana. Pero a juicio de Domhoff, este esquema se tambalea por dos hechos: los sueños no aparecen en su forma adulta completa hasta el final de la infancia, y existe incluso un pequeño porcentaje de adultos que nunca sueñan.

En el siglo XXI ya no creemos, como en la antigüedad, que los sueños tengan un carácter sobrenatural.

Así pues, ¿tienen los sueños una función, o no la tienen? ¿Tienen un significado, o no lo tienen? ¿Hay alguna manera de conciliar los extremos opuestos de Freud y Hobson-McCarley? Los investigadores tratan de encajar todas las piezas en el mismo puzle, una tarea difícil: tal vez no haya una verdadera función biológica imprescindible en el hecho de soñar. Y aunque quizá los sueños generalmente no escondan mensajes intencionados de nuestro subconsciente como Freud defendía, probablemente tampoco sean como el ruido de disparos al azar: “No creo que esté justificado decir que los sueños se basan en ruido cerebral aleatorio”, dice Voss.

Según la neuropsicóloga, que ha dirigido investigaciones en colaboración con Hobson, los sueños pueden ser un subproducto de una especie de actualización nocturna del cerebro, cuando la entrada de información desde el exterior es mínima. Cuando el cerebro trata de interpretar esta actividad, no lo hace como quien busca dragones en las formas de las nubes, sino que “formamos asociaciones entre información vieja y nueva, lo ligamos a las emociones y lo almacenamos en imágenes visuales”, prosigue. De este modo, los sueños acaban teniendo un cierto significado psicológico relacionado con nuestras motivaciones y preocupaciones, nuestro sello personal: “es algo así como emoción comprendida”, añade Voss; “no lleva un mensaje, pero nos ayuda a ser introspectivos”.

Con todo, Voss aclara que por el momento este modelo es sólo una propuesta, “aún no demostrada científicamente”. “Pero estoy segura de que varios laboratorios están persiguiendo ideas muy similares”, concluye.

Por Javier Yanes




ESPINTRÓNICA: HACIA DISPOSITIVOS ELECTRÓNICOS MÁS EFICIENTES

(Agencia Informativa Conacyt). ¿Cómo crear teléfonos móviles y computadoras que intercambien información más ágilmente? ¿Cómo almacenar mayores cantidades de información en dispositivos más compactos? ¿Cómo diseñar aparatos electrónicos que consuman menos energía?

Investigadores de todo el mundo buscan las respuestas a estas preguntas a través de un campo tecnológico emergente: la espintrónica.

Mientras que los dispositivos electrónicos convencionales están construidos de componentes desarrollados a partir de la carga eléctrica, la espintrónica se propone fabricar nuevos componentes que permitan manipular el espín electrónico, una propiedad intrínseca de los electrones.

Sin embargo, los dispositivos espintrónicos solo se han fabricado en laboratorios de investigación, por lo que aún no son accesibles comercialmente. Para ello, es necesario el desarrollo de nuevos materiales con propiedades ferromagnéticas y bajo este objetivo trabajan especialistas del Centro de Nanociencias y Nanotecnología (Cnyn) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), campus Ensenada.

El doctor Manuel Herrera Zaldívar, investigador del Cnyn, colabora con un grupo de científicos que estudian el ferromagnetismo en semiconductores magnéticos diluidos (DMS, por sus siglas en inglés), materiales que eventualmente formarán parte de dispositivos espintrónicos, por ejemplo, una válvula espín o transistores de espín polarizado.

¿Qué son los semiconductores magnéticos diluidos?

Los semiconductores son elementos con una conductividad eléctrica superior a la de los aislantes e inferior a la de los conductores; son materiales utilizados para la fabricación de dispositivos como el transistor, base de los microprocesadores actuales.

Cuando el sistema de un transistor se apaga, toda la información almacenada se pierde, por ello el consumo de energía es muy elevado, señala el artículo "Semiconductores magnéticos diluidos: materiales para la espintrónica", publicado en 2007 por investigadores del Instituto de Magnetismo Aplicado (IMA) de la Universidad Complutense de Madrid (UCM).

Los autores mencionan que la ventaja de los materiales magnéticos es que la información, una vez grabada, se almacena durante años, por lo que el consumo de energía es mínimo.




ACERCAN A NIÑOS A LA CIENCIA MEDIANTE LA ROBÓTICA

(Agencia Informativa Conacyt). Viernes en la tarde. Los niños olvidan sus mochilas, guardan sus útiles y se disponen a dejar de lado los deberes académicos. Sin embargo, no para todos es así. En el Museo Horno 3, ubicado en el Parque Fundidora de Monterrey, existe un rincón donde el aprendizaje continúa sin importar el día ni la hora. Se trata del Diplomado infantil en robótica.

Poco después de la hora de comida, los niños, y algunos no tan niños, comienzan a arribar al remolque acondicionado con todos los materiales necesarios para aprender sobre el armado de robots, su composición técnica y la programación necesaria para sus funciones.

Algunos todavía con uniformes escolares, encienden sus aparatos de cómputo, organizan las herramientas necesarias para los ajustes mecánicos y, por supuesto, se reencuentran con el robot que semana a semana ajustan para lograr los objetivos que se propusieron al inicio del diplomado.




LA NIÑEZ Y LA CIENCIA: UN MUNDO MÁS BONITO

San Cristóbal de Las Casas, Chiapas. 28 de abril de 2018 (Agencia Informativa Conacyt). La buena noticia se viralizó pronto en Internet a fines de febrero pasado: Xóchitl Guadalupe Cruz López, de ocho años y originaria de Chiapas, se convirtió en la primera niña en recibir el Reconocimiento ICN a la Mujer, del Instituto de Ciencias Nucleares (ICN) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), “por demostrar aptitudes sobresalientes para el trabajo de divulgación científica”.

Por fortuna, el ejemplo de Xóchitl no es único. Junto a ella, otras niñas, niños y jóvenes han desarrollado sus propios proyectos científicos y tecnológicos, desde hace poco más de 10 años de la mano del Programa Adopta un Talento (Pauta), en Chiapas y en otras tres entidades de México: Ciudad de México, Michoacán y Morelos.

Los logros de esas niñas, niños y jóvenes suelen a menudo arrojar luz sobre el futuro y señalar un rumbo. O como lo expresó Jorge Hirsch, presidente del Consejo Directivo de Pauta, en la felicitación en video que le envió a Xóchitl antes de poder felicitarla en persona: “Quiero decirte que ver tu trabajo, saber de tu entusiasmo tanto en el trabajo con las flores como en el calentador de agua, nos llena de ánimo y nos dice que sí podemos hacer que muchas niñas como tú vayan encontrando, como tú lo haces, el camino de la investigación, del placer del trabajo compartido y el descubrimiento, estaremos juntos construyendo un mundo mucho más bonito”.

Según la Encuesta Intercensal 2015 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en Chiapas, las niñas, niños y jóvenes representan alrededor de la tercera parte de la población. La cifra no varía demasiado en el resto de la república. Por eso construir ese país, ese mejor mundo del que habla el físico teórico de la UNAM, debe pasar por escuchar —y atender— las voces de niñas, niños y jóvenes: la tercera parte de la población de México.

Plantas vs. Zombichos

Igual que muchos niños, Einar Daniel se siente preocupado por la contaminación del agua: “Solo 1.5 por ciento del agua en el planeta es apta para el consumo humano. Esa agua proviene de ríos, lagos, lagunas y manantiales. Y los estamos ensuciando”, dice. La diferencia es que él siente que es capaz de hacer algo, de encontrar alguna solución al problema.

No es improbable que esté lejos de la verdad. A sus 11 años, Einar sabe ya el trabajo y el método que implica desarrollar una investigación científica.

Inspirados por el videojuego Plantas vs. Zombies, a Einar y su amigo Mauricio se les ocurrió que las plantas carnívoras tal vez podían ser usadas como control de plagas en la agricultura. Después de todo, ¿qué bicho se atrevería a dudar de la voracidad de una planta carnívora?

Y aunque la idea no funcionó del modo en que esperaban, lidiar con una hipótesis fallida es parte del proceso de una investigación en curso.




LOS CULTIVOS TRANSGÉNICOS Y LA DUDA CIENTÍFICA

Ciudad de México. 13 de abril de 2018 (Agencia Informativa Conacyt). La comunidad científica está lejos de ponerse de acuerdo sobre los beneficios o los daños que los transgénicos pueden traer a la salud humana y a los ecosistemas. Pero tanto las posturas a favor como las posturas en contra decidieron presentar sus argumentos al público en el ciclo de mesas redondas Los alimentos transgénicos a debate, que organizó el Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (Ceiich) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

A FAVOR

El principal defensor del uso y comercialización de semillas transgénicas fue el doctor Francisco Bolívar Zapata, que habló de una biotecnología responsable, dirigida a resolver los problemas ecológicos y de alimentación en el mundo.

El investigador del Instituto de Biotecnología de la UNAM centró su discurso en dos premisas: que los organismos genéticamente modificados no representan un daño para la salud ni para el medio ambiente; y que ayudan a disminuir el uso de insecticidas y herbicidas químicos dañinos para el humano y su entorno.

“Los transgénicos son una estrategia de bajo riesgo, porque los genes que se introducen a las plantas son naturales, ya existían en el medio ambiente, a diferencia de los dañinos insecticidas químicos que se usan en México”.

El investigador explicó que todos los seres vivos tienen su información genética almacenada en el ácido desoxirribonucleico (ADN), una molécula que tiene la misma estructura básica en cualquier organismo. Esta molécula y los genes que la componen han existido en la naturaleza por miles de años y el paso de genes de una especie a otra ocurre de forma espontánea en la naturaleza.

EN CONTRA

Para el doctor en filosofía Julio Muñoz Rubio, que 126 premios Nobel y siete premios Nacionales estén a favor de los transgénicos no es un argumento válido por sí mismo, que demuestre su inocuidad y su seguridad. Para el investigador del Ceiich, los defensores de los transgénicos usan constantemente como argumento una falacia lógica: ad verecundiam. En la lógica, esto se refiere a emplear el principio de autoridad para validar una hipótesis, es decir, como lo apoyan un gran número de científicos reconocidos debe ser verdad, solo por eso. Al usar estas premisas, se desvía la atención hacia el autor del enunciado y no hacia la evidencia que presenta.

Durante el debate, Julio Muñoz y Elena Álvarez Buylla, investigadora del Instituto de Ecología de la UNAM, concordaron con que la afirmación de que entre las plantas transgénicas y las plantas no transgénicas hay un solo gen de diferencia, lo que las vuelve prácticamente iguales, ignora todos los avances que se han hecho en el campo de la teoría genética.

Para ambos científicos, la idea de que la esencia de la vida está escrita en el ADN es anacrónica y ha sido superada. El llamado dogma central de la biología, que decía que un gen codifica para una proteína y esta proteína da un rasgo específico al organismo, sin importar los otros genes ni el ambiente, se ha transformado en la visión del genoma como un componente dinámico y fluido que depende de su entorno, y para mostrarlo están todos los avances en la epigenómica.

“La biología evolutiva no es una ciencia prediccionista como la física clásica y no se puede saber qué va a pasar con estos organismos dentro de cientos de años”, indicó Julio Muñoz.




PARHIKUTINI

Cerca de una comunidad p’urhépecha, hace no mucho tiempo… apareció un volcán. Algunos de los testigos que lo presenciaron son más antiguos que la montaña misma.

Esta es su historia:

PARHIKUTINI from Santiago Arau Pontones on Vimeo.




PARICUTÍN, 75 AÑOS DE VER NACER UN VOLCÁN

Morelia, Michoacán. 10 de abril de 2018 (Agencia Informativa Conacyt). Fue el 20 de febrero de 1943 cuando un estruendo anunció su nacimiento, era el grito de la Tierra que estaba pariendo un volcán. Lo nombraron Paricutín por su origen purépecha que lo carga del significado "lo que está al otro lado". 

Al otro lado porque, a diferencia de los viejos volcanes apagados, su historia fue atestiguada por personas cuya vida cambió el día que vieron crecer la tierra 80 metros en una semana para derramar lava y arena. 

La historia de Dionisio Pulido, el hombre que sintió el crujir del suelo, ha creado la identidad del Paricutín, el volcán más joven del continente, señala el geofísico Jaime Urrutia Fucugauchi, investigador del Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Los pobladores de San Juan Parangaricutiro (actualmente Nuevo San Juan, que se refundó después del evento) afirman que sintieron un estruendo en la tierra, de la que comenzaron a emanar gases y humo. En ese momento era imposible saber que se trataba del surgimiento de un volcán.  

El doctor en geofísica y física espacial de la Escuela Nacional de Estudios Superiores (ENES), unidad Morelia, Luis Antonio Domínguez Ramírez, afirma que existe una relación muy íntima entre los sismos y los volcanes, pues ambos se generan por movimientos debajo de la tierra. En el caso de los sismos se da en las placas tectónicas, mientras que en los volcanes lo que se mueve es el magma que al subir genera sismos. 

Refiere dos formas de definir un volcán. Poética: "Un volcán es la respiración de la Tierra". Científica: "Un volcán es roca fundida que sube a la superficie de la Tierra". 

"Los volcanes juegan un papel fundamental en el mantenimiento del equilibrio de la atmósfera, ya que es por donde el centro de la Tierra respira de los gases y sustancias. De esta forma, el agua que la tierra toma de los océanos regresa a la superficie".   

Domínguez Ramírez afirma que el Paricutín permitió ver por primera vez nacer un volcán y para entenderlo se relacionó con aspectos familiares. Refiere el fenómeno de humanización del volcán, que al nacer fue registrado con un acta de nacimiento que firmó el presidente municipal de San Juan en 1943 y que se encuentra en el archivo histórico del Instituto de Geología de la UNAM.